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| Los Reinos y sus áreas Sáb Jul 16, 2011 11:59 am por Valdred Dethstorm ![]() ![]() Heathenlórien, el santuario de la naturaleza, se halla al este de Imladris y se dice que hay diez árboles por cada habitante. Los bosques de este reino son tan antiguos como el mundo mismo, llenos de memorias, testigos silenciosos de sucesos increíbles y atroces a la vez, escenarios de crueles combates y gloriosas victorias. El clima húmedo favorece a la vegetación, y a su vez, esta proveé de un hogar a los grandes y pequeños seres que viven en la arboleda, o en los límites cercanos a esta. Los elfos, las hadas, los etéreos y también algunos humanos son los principales residentes de estas tierras, y si bien prefieren la paz a la guerra, y los cantos y los bailes a la furia y la violencia, si se ven amenazados o alguien intenta adueñarse de su nación, se defenderán con fiereza, hasta su último aliento. Gobernante actual: ![]() ![]() La Fortaleza Storm es una imponente edificación ubicada en el centro de la Ciudad Arbórea. Sus torres son tan altas como gigantes de piedra, y sus paredes se hallan recubiertas de adornos de oro y de plata, algunos de ellos ilustrando a los Primeros Elfos que despertaron en Uma, la gran guerra que Káiser trajo al reino y la caída de Utheriel Dethstorm. Enredaderas trepan por los muros del castillo, y a su alrededor se encuentran numerosas fosas, repletas de estacas metálicas que esperan ansiosas la llegada de un invasor, para atravesarlos con sus puntas. En su interior trabajan guardias de diversos rangos, sirvientes, consejeros y escribanos, por lo que aún en la ausencia del rey, la actividad nunca cesa. Los árboles proveen la protección más inmediata, pero también es posible distinguir altas atalayas, desde las cuales los vigías observan los alrededores día y noche, preparados para llamar a los arqueros en caso de la presencia de cualquier tipo de amenaza, o para anunciar la llegada de algún visitante. ![]() Constituye la capital de Heathenlórien, y el hogar de miles de sus habitantes. Las casas construidas con madera u algún otro material utilizado por los humanos se pueden contar con los dedos, ya que la mayoría de las moradas son en realidad árboles que han sido adaptados para servir como tales. No ha sido necesario usar instrumentos de leñadores, son los mismos árboles los que cambiaron, para permitir que sus guardianes habiten dentro de ellos. También es posible admirar escaleras hechas de cristal, que rodean los troncos de los majestuosos robles como si fueran una serpiente, para poder llegar a los pisos más altos. Tan hermosa como es, la ciudad arbórea es bastante frágil e incapaz de resistir una invasión a gran escala, de manera que es celosamente protegida y no a cualquiera se le permite el acceso. ![]() Los relatos no hacen justicia al Valle de lágrimas. Obtuvo su nombre gracias a una inmensa roca al pie de una cascada, a través de cuyas grietas el agua ha conseguido colarse, y con el paso de los siglos la ha desgastado, dejándola con la curiosa apariencia de una elfa joven que está llorando. Tal prodigio natural no tiene una explicación sencilla y es seguro que jamás la habrá, pues ni siquiera la magia ni el ingenio de los mejores constructores podrían manipular de tal forma el paisaje. El agua es la más pura en todo el universo, y basta con solo un par de sorbos para sentirse saciado. La vegetación y la fauna es digna de la atención para cualquiera que se haya detenido en el valle para descansar sus largos viajes. ![]() Las profundidades del Bosque Nebuloso no son cosa de juego. Una espesa niebla lo envuelve todo, como los brazos de una amante que se niega a dejar ir a su objeto de deseo. Es como un laberinto compuesto de árboles, arbustos y toda clase de vegetación, sin un camino claro que sea fácil de seguir. Ir a solas y sin ningún medio para regresar es casi un suicidio seguro, por lo sencillo que resulta perderse en la espesura del bosque. De noche, los depredadores y otros animales salvajes se camuflan en las tinieblas, y esperan, en medio de la bruma, a alguien lo bastante insensato para cruzarse en su camino. Cabe mencionar que es la única vía hacia la Ciudad Arbórea. De este modo, los habitantes de Heathenlórien duermen tranquilos, sabiendo que sus enemigos se perderán o volverán a donde comenzaron antes de poner un pie en su tierra. Lo único que podría eludir los peligros del Bosque Nebuloso sería una criatura con alas. ![]() En el pasado, estas ruinas fueron el santuario de Naeryamar, una bella edificación que se hallaba en las afueras del bosque Nebuloso, cerca de las cascadas que desembocan en el Valle de lágrimas. Ahí, los elfos rendían culto a los dioses inmortales, Niel y Raeel, así como a la luna y las estrellas. El interior era muy oscuro, y encender velas o usar magia estaba prohibido, bastaba con unas aberturas por las que el plateado fulgor de la luna se filtraba. Todo fue destruido durante la lucha entre Utheriel y Káiser en la Tercera Edad: las estatuas finamente talladas, los hermosos vitrales de cientos de colores y también las ofrendas, estas últimas saqueadas por los invasores de Funero. No quedan más que escombros y un vestigio de lo que alguna vez fue un lugar de gran importancia en Heathenlórien. 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